Son las 3 de la mañana y estoy a punto de salir montaña arriba. Mi idea es pasar dos noches en el Campo II a 6200 metros de altura. Tenemos, de momento, un tiempo razonablemente bueno y poca nieve en la arista. Ya estuvimos hace tres días en Campo II pero nos fue imposible montar la tienda debido al poquísimo espacio disponible. Es esencial que esta vez sí podamos armarla pues comienza ahora una fase crucial de la aclimatación.  El próximo objetivo serán los 7000 metros largos del Campo III.

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Operar sobre una arista tiene la ventaja de que nos permite esquivar las acumulaciones de nieve blanda y profunda que ralentizan la marcha y el inconveniente de que es un escenario especialmente expuesto al viento que con frecuencia dificulta localizar un buen punto para establecer los campos. Lo uno compensa a lo otro pero el Broad da pocas opciones de elección: ésta es prácticamente la única vía de aproximación a la cumbre.

Además el trayecto hasta Campo I es extremadamente peligroso por la gran cantidad de piedras que caen sobre todo si hay gente caminando por los tramos superiores.

A partir de ahora los vaivenes climatológicos tendrán suma importancia y serán la suerte y nuestra experiencia para interpretar las condiciones de la montaña los que nos permitan estar en el momento adecuado en el lugar idóneo.

Los últimos días han sido agitados. Al retraso en la aclimatación debido a la imposibilidad de montar el Campo II se une, y esto es grave, que mi porteador ha quedado en evidencia en cuanto hemos ganado metros sobre la montaña. No está a la altura de las circunstancias ni técnica ni físicamente y su techo último está, me temo, no mucho más allá de los 6000 metros; por encima de ahí tendré que arreglármelas por mi cuenta lo cual es un inconveniente que por momentos me parece insalvable.

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Tengo que reestructurar todo el plan y no está claro cómo voy a hacerlo. El grupo de Óscar lleva tres noches en Campo II e incluso han alcanzado ya los 7000 metros de altura del Campo III. Todo ello mientras yo estaba en Campo Base perdiendo un tiempo de aclimatación precioso que ahora tendré que recuperar si quiero mantener mis opciones de cumbre.

Todo se ha torcido pero me niego a rendirme. Por mis patrocinadores, por todos los que me animáis, por tantas horas de entrenamiento, por la inmensa ilusión que hemos puesto juntos en este empeño… voy a seguir intentándolo hasta el límite de lo posible.

Aún faltan horas para el amanecer, pero allá voy. Deseadme suerte. Un abrazo fuerte.