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Broad Peak 2016 (XV) | ROSA FERNÁNDEZ

Se acerca el momento de la verdad; de elegir cuidadosamente el “cómo” y sobre todo el “cuándo”; de jugarnos en un órdago a la grande un año de preparativos, de esfuerzo y de ilusión; de apostar el resto a “todo” o “casi nada” en un lance definitivo que cierre esta partida entre el Broad Peak y nosotros.

Desde el Campo Base escrutamos el cielo cada mañana y cruzamos información meteorológica con la gente del K2 (este año más concurrido que el Broad) tratando de intuir cuándo podría abrirse la ventana de buen tiempo que nos reclame hacia la cumbre. De momento tenemos un tiempo revuelto con lluvias en el glaciar y nieve en la montaña. Esta nieve fresca es un problema ya que dificulta ver con claridad los pasos delicados, oculta posibles grietas y esconde la huella abierta entre campos. Sería bueno que dejase de nevar y aún así esperar uno o dos días a que el manto caído se asiente.

Parece que a mediados de esta semana el viento amainará y podría haber unos días de relativa estabilidad en el Baltoro. ¿Jueves? ¿Viernes? ¿Quizá para el fin de semana? Aún no está claro, pero toma cuerpo la idea de salir del Campo Base mañana miércoles con el objetivo de atacar la cumbre el próximo sábado desde un campo puente (Campo IV) situado entre 7500 y 7700 metros de altura. Histórica y estadísticamente los días propicios para los intentos de cumbre en el Broad se sitúan en una horquilla de dos o tres jornadas alrededor del 22 de Julio. Lo único cierto es que nos sentimos preparados y motivados aunque ciertamente aburridos de esperar en Campo Base. Tratamos de matar el tiempo manteniéndonos activos y haciendo caminatas.

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Personalmente debo confiar en que la aclimatación que he conseguido sea suficiente. De haber podido elegir seguramente me habría gustado tener acumulados un par de días más en altura. Pero una montaña así no es un restaurante, uno no se sienta y escoge “a la carta”, aquí el cliente casi nunca tiene la razón, se adapta a lo que hay y si te gusta, pues muy bien, y si no, chao, chao.

Entre unos grupos y otros, entre escaladores y porteadores, hay ya un buen trabajo hecho sobre la arista Oeste hasta aproximadamente los 7000 metros de altura. De ahí en adelante se abre el incierto escenario de la jornada final de ataque a cumbre. Por bien preparado que se esté, por bien equipada que pudiera estar la vía, ahí se acabaron las certezas y un ramillete de factores incontrolables deciden entre el “sí” y el “no”.

Ese último día será largo y duro. Habrá tramos de hielo, secciones de escalada en roca, travesías expuestas sobre abismos de 3000 metros y pendientes continuas hasta la antecima de alrededor de 50 grados de inclinación. La teoría aconseja salir del campo III a las 2 de la mañana para estar rondando la cumbre a eso del mediodía, pero todo iría menos apretado de tiempos si usamos el Campo IV. Un “yuju”, una foto, un inevitable vistazo al K2 y a salir zumbando de allí para recuperar la relativa seguridad del Campo III.

Hermoso, perfecto, impecable… sí, pero el examen teórico ya lo traíamos aprobado de casa. Ahora llega el práctico y falta ver “qué nos cae” y cómo corrige el “profe”; se llama Broad Peak y tiene fama de duro.

Un abrazo fuerte de gratitud desde el Karakórum a todos los que me estáis animando y siguiendo esta aventura. Saludos a Asturias y particularmente a mi querida Cangas del Narcea en fiestas.