Tras un día de descanso en Zermatt disfrutando de los rincones de este pueblo incomparablemente bonito, hoy retomamos la actividad montañera.

Lo hicimos en el macizo del Monte Rosa ascendiendo una de sus cumbres, el Breithorn, que con sus más de 4000 metros de altura supone un buen entrenamiento y aclimatación para encarar el Matterhorn.

Mañana decidiremos si finalmente intentamos o no hacer cumbre en el Cervino en función de cómo evolucione el episodio de mal tiempo que se nos ha presentado. Tiene pinta de que no va a ser posible pero…