Estamos en Teherán. Además del aterrizaje literal en el Aeropuerto Internacional Imán Jomeini hemos experimentado el aterrizaje metafórico en una cultura cuyos usos y tradiciones chocan con las nuestras.

 

Ni que decir tiene que seremos extremadamente cuidadosas en no ofender a nadie y en adaptarnos en la medida de lo posible a las costumbres de un país que sin duda nos acogerá con respeto y amabilidad.

Para empezar ya salimos en la foto del visado ataviadas con un tocado que nos cubre el pelo. También traemos en nuestros equipajes algunos vestidos que nos permitirán pasar más o menos inadvertidas en los días previos a entrar en faena y ponernos ropa técnica deportiva.

Parvaneh, encantadora, ya se ha unido al equipo Una a Una. Y ya hemos visto a lo lejos el Damavand, totalmente blanco pues aquí lleva días lloviendo y nevando sin parar.

Antes de encaminarnos a los Montes Elburz estaremos unas jornadas de descubrimiento cultural y turismo en Teherán, una megaurbe milenaria de nueve millones largos de habitantes considerada una de las cinco o seis ciudades más importantes del mundo islámico.

En unos días tocará abrir las mochilas de deporte. Pero ahora serán ojos y oídos los que estarán abiertos de par en par.