La nave Una a Una ha tomado tierra de nuevo en el “planeta confort”, un mundo en el que vuelven a existir las duchas calientes, las comidas sentadas a una mesa, los sueños de 10 horas en una cama acogedora, los paseos en zapatillas deportivas… esas cosas que tan bien saben cuando vuelves del infierno con una nueva cumbre en tu mochila.

No me canso de admirar el coraje de las chicas de este club. Menos mal que ya está inventado, si no habría que hacerlo urgentemente. No podía ni imaginar hace ocho años que aquel arrebato incierto que tuve al fundarlo iba a convertirse en una realidad tan sólida, en una plataforma tan eficaz desde la que promocionar y dar brillo al deporte femenino de base.

Hoy fueron Mariví Sáinz y Mariajo Galán encumbrando y esquiando el Damavand. En unas semanas serán otra docena de chicas las que lleven a cabo en una montaña de Asturias una escalada-homenaje a las pioneras del alpinismo. Poco después serán una veintena de compañeras las que volverán a tomar sus bicicletas para completar un nuevo Camino de Santiago. Y etcétera, y etcétera, y otra vez etcétera. Literalmente: son de lo que no hay.

Hemos regresado a Teherán y aún nos quedan cuatro días por delante antes de dar por terminada esta aventura y volver a casa. La idea ahora es que cualquier idea que se nos ocurra será bienvenida. De momento ya estamos en Shiraz, en la Persia profunda, donde pasaremos dos días, y de regreso a Teherán pensamos acercarnos a conocer Isfahan.

Toca saborear lo conseguido y disfrutar de un país que tiene mucho que ofrecer a quien sepa abrir los ojos y valorar una historia milenaria.

Los crampones ya están guardados. Una a Una se va de turismo por Oriente Medio.