Estoy de regreso en el Campo Base tras dos noches en Campo 2, a casi 7000 metros de altura. Sigo optimista y en buenas condiciones físicas. Hay momentos de fatiga pero son esperables dado que en altura se come poco y se duerme peor. Ahora tendremos tres o cuatro días para reponer fuerzas y sueño en el Base.

En la bajada pude disfrutar de los increíbles paisajes del Karakórum, de los abismos infinitos que se abren verticales en las paredes del K2 y de espectaculares arco iris que hoy adornaban las cumbres. Pocas veces me he sentido tan impresionada por una panorámica de montaña como esta madrugada.

La imponente pirámide del Broad Peak

La imponente pirámide del Broad Peak

Mañana tengo pensado hacer una excursión hasta el Campo Base del Broad Peak y devolver la visita a Oscar Cadiach y su grupo. Seguro que pasamos un día entretenido. Y habrá que seguir pendientes de los pronósticos meteorológicos, que hablan de una posible ventana de buen tiempo entre los días 20 y 25. Ahí es donde todos tenemos puesto el ojo.

A principios de la semana que viene volveremos a adentrarnos en la montaña con la idea de establecernos definitivamente en los campos de altura, así que aprovecharemos a tope estos días las comodidades del Base.

Hoy os envío una bellísima foto del Broad visto desde la arista SurEste del K2. Como las de la última crónica la foto es de Philippe Gatta, compañero de expedición y extraordinario deportista francés que cuenta con tres “ochomiles” en su haber y con el “7 Cumbres”.

Ya se sabe que la montaña tendrá la última palabra, pero en lo que a mí respecta sigo trabajando duro y creo que el proceso de aclimatación marcha adecuadamente. Daría algo por poder compartir con vosotros no ya estas humildes líneas, sino el tremendo impacto que causa en los sentidos la grandiosidad de este lugar.

Un abrazo muy fuerte desde el Karakórum.