Tras bajar en coche hasta Madrid, volar doce horas y echar apenas un vistazo a la milenaria y multicultural Estambul, hemos llegado al fin a la capital nepalí.

Asia nos recibió con una sonrisa amiga, la de Dawa Tsiri que nos esperaba en el aeropuerto con un collar de flores. Nos fundimos en un abrazo y usamos el silencio para tumbar las barreras del idioma y hablar sin palabras de las experiencias vividas juntos, de los amigos que recientemente pagaron con sus vidas en el Everest el innato atrevimiento humano, de que la vida sigue y el mundo continuará girando indiferente a nuestras alegrías y esperanzas, a nuestro dolor.

Nepal nos recibió con flores

Nepal nos recibió con flores

Dejamos que Dawa porfiara con los taxistas locales y en un santiamén nos vemos en Kathmandú, inmersas en esa especie de caos organizado al que los lugareños llaman tráfico.

Lo primero que hicimos fue asistir a la ceremonia Puxa por los sherpas fallecidos en el monasterio Sherpa Gomba. Luego nos acercamos a Boudanat donde hicimos ofrendas a los dioses del Himalaya antes de partir para sus montañas.

Terminadas las ceremonias Dawa nos llevó a su casa donde comimos en familia. La cena la haremos en Seven, donde Dawa y yo no pagamos pues hemos estado en la cima del Everest (cualquier día de estos Puri y Noelia tampoco).

Honorando a los dioses de las montañas

Honorando a los dioses de las montañas

Comoquiera que hemos volado hacia el Este, al encuentro del Sol, es como si hubiésemos viajado en una máquina del tiempo que devoraba horas de reloj casi al doble del ritmo con que pasaba el tiempo biológico. Al regreso nos será devuelto cada segundo perdido porque este banco no cobra tasas pero tampoco da intereses.

Nuestro lugar de destino, nuestro “campo base” será el barrio de Lazympot. Allí está la escuela de cocina Mitho Chha y en ella hay un par de habitaciones para nosotras. Es un lugar coqueto y limpio, sin duda estaremos bien.