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ACONCAGUA 2014. Capítulo 2: la expedición.

            Fue a finales de 2012 cuando Indalecio Blanco contactó conmigo para proponerme esta aventura poliédrica: deportiva, solidaria, insólita… con fines benéficos para la ONG Mensajeros de la Paz del padre Ángel.

Indalecio (La Felguera, 42 años) tiene una minusvalía severa que limita su movilidad pero espolea su voluntad. Ayudado por el Ayuntamiento de Langreo, la Federación de Deportes de Montaña de Asturias, la Asociación Amigos del Deporte y la Asociación Langreanos en el Mundo, se presenta en segunda convocatoria a este duro examen (en 2002 ya intentó sin éxito coronar el Aconcagua).

El resto de la expedición lo componen deportistas de mi “guardia pretoriana”, de mi círculo de confianza, encabezados por mi sherpa de cabecera Dawa, con quien escalé en el Himalaya repetidas veces y a quien tendremos en Asturias la primera semana de enero.

También me llevo a Ángel, un cangués todoterreno cuya fuerza, carácter y conocimientos técnicos suman dígitos a la probabilidad de éxito que a priori pueda tener nuestra empresa.

Y estará con nosotros Luz, gijonesa, uno de los pilares del club Una a Una y cuyo empuje preveo esencial para el grupo pues es de las primeras que se apuntan a la batalla y la última en rendirse por dura que sea.

Me siento como Del Bosque: tengo un equipazo, pero jugamos fuera y el rival es poderoso (ahora que lo pienso, a los alpinistas, andinistas esta vez, siempre nos pasa eso).