Otra vez el Camino nos tuvo sobre la bici durante más de 100 kilómetros acumulando otros 2300 metros de desnivel positivo entre Chantada y Santiago de Compostela.

El perfil de la etapa fue, no obstante, muy diferente al de ayer. En la primera parte de la jornada nos esperaba la gran dificultad orográfica del día: una subida dura y sostenida que tras 15 kilómetros de esfuerzo nos conducía al Alto do Faro.

A partir de aqu una interminable sucesión de rampas cortas y bajadas nos fue haciendo perder altura de forma constante a medida que acompañábamos al río Ulla en su descenso de la Meseta de Lugo. Bonitos tramos boscosos endurecidos por inacabables barrizales nos acercaron a Lalín, ya en la provincia de Pontevedra.

Pasando entre las sierras Da Serpe y Do testeiro y tras superar las colas del embalse de Portodemouros entramos en A Coruña y ya solo quedaba mentalizarse para una nueva entrada, siempre emocionante, en la capital compostelana y en la Plaza del Obradoiro.

Por segunda vez en siete días mi Trek y yo pisamos estos adoquines milenarios probando el sabor de la victoria deportiva más íntima y genuina: la que no necesita pódiums ni medallas.

Quiero dar las gracias a la organización de la GAES Pilgrim Race por haber pensado en mí e invitarme a esta fiesta de la bicicleta y felicitarles por su impecable trabajo logístico y por su compromiso social y solidario en la lucha contra el cáncer o en el fomento del deporte femenino.

Fue una tortura y un placer haber formado parte de esta aventura. Sin ese tipo de contradicciones eso a lo que llamamos vida dejaría de parecerse a una novela y se asemejaría más a un periódico. Y eso sí que no.