Esta noche ha muerto en Kathmandú Dawa Tseiri, mi amigo, mi gran compañero en el Himalaya, tantas veces mi ángel de la guarda… el hijo del pueblo sherpa con quien sonreí en la cumbre del mundo, en el Everest, una mañana de mayo de 2005.

No sabía que estaba enfermo. Ni él mismo lo sabía hace apenas un mes cuando trabajaba, como siempre, en las laderas del Khumbu. Un cáncer fulminante y violento acabó en semanas con esta leyenda del himalayismo (dos docenas de veces pisó cumbres de “ochomiles”). Dentro de la desolación me queda el frágil consuelo de haberme podido despedir de él; de haber podido acompañar a su familia en estas últimas y durísimas horas; de haberle arrancado una última sonrisa al verme entrar en su habitación del hospital de regreso del Dhaulagiri.

Dos veces estuvo en Asturias conociendo “mi paraíso”, compartiendo tiempo con mi familia y amigos y disfrutando de “mis” montañas. Y en todos los que le conocieron dejó un gran recuerdo y una huella imborrable, por que de su grandeza solo brotaba sencillez.

Quiero que sirva este recuerdo como homenaje, como reverencia a su persona y a su legendaria trayectoria deportiva. Y hacerlo extensivo a los verdaderos héroes de estas montañas, esos seres sobrehumanos: los sherpas.

La pena que siento es sincera y profunda. Justo después de la alegría de enterarme de que en mi tierra habían concedido el Premio Princesa de Asturias a Messner y a Wielicki… justo después del disgusto de no haber podido acceder a la cumbre del Dhaula… es la ruleta de la vida.

Los dioses; los suyos, los nuestros, los de todos, se lo han llevado. Se ve que necesitaban un sherpa de cumbre. Descansa en paz amigo.