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Objetivo K-2 (III) | ROSA FERNÁNDEZ

Mariajo, Cristina, Charo y Mariví ya desandan el Baltoro camino a casa, y seguro que con una experiencia irrepetible en sus retinas y en su corazón. Fue genial contar con su compañía y compartir con ellas estas montañas increíbles.

Y yo llevo ya unos días en el Campo Base del K-2. Jornadas intensas en las que las malas noticias parecían no tener fin. Tras unos días en los que estuve más enferma que sana, necesité tomar antibióticos lo que dejó un poco débil y un mucho desesperada. Ya estoy mejor, pero tuve que retrasar mis planes de subir a Campo 1 y empezar a pasar noches en altura.

 

Hay muchas expediciones comerciales este año en el K-2, lo que supone que hay mucha gente con más ilusión y dinero que experiencia y saber estar. Ya ha habido algunos accidentes provocados por montañeros inexpertos que desprenden piedras poniendo en riesgo a los que vienen más abajo. Un porteador sherpa fue golpeado por una de ellas y tuvo que ser sacado de la montaña con una pierna rota.

Y siguieron las calamidades: en el vecino Broad Peak un porteador pakistaní falleció al despeñarse. Era el cuñado de mi propio porteador pakistaní, por lo que me pidió marcharse a consolar a la familia. Con esto perdía el 50% de mi equipo.

 

Todo unido a que el tiempo, hasta ahora muy bueno, parecía querer torcerse, me tuvo atrapada en Campo Base y con un futuro inmediato incierto. El Karakórum estaba empezado a repartir bofetadas y varias de ellas se habían estrellado en mi cara.

Habría que tener paciencia y confiar en que lo que hoy era negro mañana fuese blanco, porque así ocurren las cosas aquí, todo puede cambiar en horas, y hacerlo porque sí, sin más.

Pero estos dos últimos días las cosas se enderezaron. Pude el fin subir al Campo 1 y aprovechando buenas sensaciones alcanzar también el Campo 2, rompiendo la barrera de los 6000 metros y empezando la fase de aclimatación dura, lo que no deja de ser una muy buena noticia.