Tras unos días de descanso activo en el Campo Italiano, con caminatas de 2-3 horas buscando los 4000 metros de altura, salimos por fin con rumbo norte.

El Dhaulagiri es una montaña presumida que te obliga a bailar con ella, a mirarla por sus cuatro costados, a rodearla casi completamente… a cortejarla, antes de permitirte poner un solo pie en ella.

Tras alcanzar el Campo Japonés, bajo la cara norte del Dhaula, continuamos hacia el sureste ganando altura sin parar hasta alcanzar la trabajosa y siempre peligrosa cascada de hielo, que hay que superar para acceder a la arista noreste.

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Así nos abrimos paso hasta un collado conocido como “la silla de montar” donde establecimos el definitivo Campo Base. Desde aquí ya vemos buena parte de la ruta hacia cumbre y empezamos a valorar las condiciones que ofrece la montaña.

De momento todo marcha bien. Nieva, pero la montaña no parece tener una excesiva carga helada. El físico responde y la aclimatación es buena. Estamos a 5600 metros y ya hemos subido hasta los 6000. Pronto empezaremos a inspeccionar la arista y a establecer los primeros campos de altura recopilando información del estado de la vía.

Empieza lo bueno.