Ya estoy de vuelta en Pokkara, en las próximas horas llegaremos a Kathmandú y en una semana volveré a pisar Asturias.

La montaña puso el “mal tiempo” así que a mí me toca poner la “buena cara” para completar el refrán; qué remedio.

Estuve realmente cerca, a más de 7200 metros… pero fue imposible seguir subiendo. ¿Mala suerte? Se me hace raro hablar de mala suerte cuando sé que regreso sana y salva de encararme con un monstruo de ocho kilómetros de altura.

Sí que es verdad que tenía muchas ganas de volver a celebrar en Asturias un “ochomil”, de dedicar esta cumbre a mis patrocinadores Alimerka y Toscaf; a las firmas que me ayudan a entrenar: Gimnasio Atlas y Trek Morán Store; y a las que contribuyen a completar la logística de una expedición tan compleja: Bella Aurora o Grupo Herme. Para todos ellos solo tengo sentimientos de gratitud.

Igual que para tantos amigos y amigas que habéis estado pendientes de mi aventura y que habéis mandado tantos mensajes de ánimo. Sois para mí un motor anímico, una motivación extra, mi otro sherpa.

Salgo de los glaciares del Himalaya con la sensación agridulce de haber hecho lo que sé y amo, pero de no haberle puesto la guinda al gigantesco pastel del Dhaulagiri.

Me queda incluso la duda de si hubiera sido factible un segundo intento de cumbre en los días posteriores al 18. Pero en el himalayismo actual estas decisiones raramente son individuales. Son la agencia y el consenso de la expedición internacional de la que formas parte quienes tienen la última palabra.

Quiero, por último, dar las gracias a mi sherpa Mingma por su gran trabajo y a Carlos Soria y su equipo que me arroparon y ayudaron en todo momento.

Y hasta aquí ha llegado esta nueva ventura en el Himalaya. Todo lo que no haya quedado dicho en este diario ya os lo contaré personalmente en Asturias.

Un beso a todos y todas desde Pokkara, una de las puertas de entrada al Reino de los Gigantes.