Hemos empezado a adentrarnos en el Langtang. Cada paso que damos nos aleja de lo humano, de lo civilizado y confortable, y nos acerca a lo mitológico, al reino de las leyendas, de las hazañas deportivas y de la soledad.

 

Tres damas y un comodín: póquer

Tres damas y un comodín: póquer

Vamos serpenteando a medida que ganamos altura. De los 1300 metros de altitud de Kathmandú pasamos a los 1900 metros de Dunche, a los más de 2100 metros de Shyabrubeshi, a los 3000 metros de Ghoratabela y por último a los 3900 metros sobre el nivel del mar de Ayanjyn Gumba donde nos encontramos.

Llamando a la puerta del Himalaya

Llamando a la puerta del Himalaya

Aunque la densidad de población disminuye por momentos, aún encontramos algún poblado y remotos templos budistas siempre adornados con las banderas votivas cuyas plegarias tratan de congraciar al hombre con la montaña. Las gentes del lugar, amables y calladas, mayoritariamente pertenecen a la etnia Tamang y son minoría en esta región los sherpas.

Shyabrubeshi

Shyabrubeshi

La vegetación ha cambiado. La pluviselva que cruzamos días atrás (hábitat del oso panda gigante) ha dado paso a una flora de montaña que se agarra como puede a los riscos y bebe de los ríos que bajan del Himalaya. De aquí en adelante entramos en los dominios del legendario leopardo de las nieves. Si aparece, confiamos en que Dawa negocie con él una retirada honrosa.

Debo decir que seguimos muy animadas y fuertes. El buen entendimiento es nuestra

Durante unos segundos formó parte de nuestras vidas

Durante unos segundos formó parte de nuestras vidas

norma. Mañana, presumiblemente, seguiremos subiendo. Y digo presumiblemente porque aquí más vale no hacer planes demasiado rígidos. Recorrer a pie el Himalaya es una experiencia tan física como trascendente; poco anticipable y que difícilmente se puede explicar con palabras si no es robándoselas al poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.